1. El coleccionista
El auto viajaba a exceso de velocidad por la carretera de San Martín; estaba saliendo de los límites de la ciudad. Los neumáticos cromados brillaban como una moneda de oro girando sobre la mesa; el sonido del motor era similar al berrido de un toro. En definitiva, ese sonido hacía honor a la estatuilla con un toro plata en el borde frontal del capo. Para cualquier conocedor de esta época, era un deleite poder escuchar el motor de ese auto, pues parecía que con la fuerza que tenía aquel motor, no había una fuerza que pudiera detenerlo. Al menos, hasta que Dios lo intentase.
El conductor y su acompañante comenzaron a besarse, sus bocas se entrelazaron al igual que sus lenguas, los chasquidos de la saliva eran inaudibles debido al ronroneo del Espada. El impaciente conductor metió su mano derecha entre las piernas de la mujer, tocó su parte íntima y la hizo gemir en un tono apenas audible; pareciera que conforme más excitado se volvía, la velocidad del auto aumentaba, en su mente tan solo se cruzaba la idea de tener que llegar a Antella antes del amanecer, pero con un demonio, estaba realmente impaciente por poder follarse a su amante que no quiso detenerse a consumar el acto como cualquier persona normal lo haría.
Su vista estaba tan perdida en las expresiones que la fémina realizaba debido a las estimulaciones, que el conductor fue incapaz de prestar atención al camino y poder ver la curva que se encontraba delante de ellos.
En pocos segundos todo se volvió silencio, el conductor no pudo hacer más que intentar controlar el volante del auto, sin embargo, le fue inútil, la velocidad a la que los neumáticos giraban no sería posible detenerla con los frenos, se fueron directo hacia una cerca metálica que delimitaba la carretera. Los neumáticos patinaron en la tierra enfangada, enseguida, el auto se volcó en más de 180 grados, una tras otra vez.
La joven mujer rubia golpeó su cabeza contra el techo, algunos cristales le rompieron los bellos pómulos, ambos brazos fueron rotos y sus piernas se prensaron entre el capo y el asiento. Para el hombre habría sido un poco mejor, si tan solo la explosión de la bolsa de aire lo hubiera hecho ahogarse y morir dignamente momentos antes, sin embargo, las piezas de vidrio que salpicaron de los lados y frente, incrustándosele en su rostro como miles de flechas en una diana. Un perno de hierro que sostenía la almohadilla del asiento, le atravesó el pecho, haciendo que su corazón saliera disparado de su cuerpo a través del cristal frontal del auto, cayendo metros adelante. Los borbotones de sangre mancharon el tablero y vestiduras blancas del auto.
Enseguida, del motor comenzó a salir un espeso humo, el impacto con la valla de contención había hecho que el auto se detuviera por completo, pues con las volcaduras había quedado inservible, igual que la vida de las personas a bordo.
El teléfono sonaba por segunda vez en la oficina; alguien atendió inmediatamente.
—Agencia de Limpieza de Piero, habla Daemon. — Respondió el hombre con un tono somnoliento y algo perezoso.
Dio una profunda inhalación a su cigarro, consumiéndolo por completo, dejando que el humo entrase en su sistema, acto seguido, arrojo la colilla del cigarrillo al suelo.
Enseguida el ceño en su rostro cambió, estuvo a punto de ahogarse con el humo del tabaco, sus fosas nasales al igual que su boca exhalaron un denso humo grisáceo, tan rápido como pudo, tomó un pedazo de papel y un boligrafo. Escribió en el lo que parecía una dirección, enseguida colgó agradeciendo por el reporte. Al colgar la llamada, Daemon agitó un poco el papel hacia dos de sus compañeros, ellos sonrieron ligeramente y se pusieron de pie frente a sus escritorios, arrojando cada uno un cigarrillo por igual.
El grupo conformado por tres hombres se dirigieron hacia los vestidores, allí, cada uno tomó un overol de plástico, un par de botas negras, cubre bocas y guantes. Se vistieron con las prendas y se dispusieron a salir; en el patio trasero del edificio rápidamente abordaron una furgoneta en la que se desplazaron a gran velocidad.
Daemon era el encargado de conducir, él era un hombre enérgico y vigoroso, de ingenio rápido y lengua viperina. Los cabellos marinos se le alborotaban un poco debido al viento que se colaba por la ventana, el cubre bocas iba a la altura de su mentón lo cual ocultaba una mota pequeña de vello que usaba como barba. Su tez morena resaltaba de entre los dos compañeros restantes, su rostro era rígido y delgado, daba la impresión de siempre estar molesto con los demás, inclusive para quienes no lo conocían, resultaba ser tétrico y ciertamente extraño, pues el muchacho era muy aficionado a la sangre y desechos.
Daemon tuvo una muy corta estadía en la facultad de medicina, el espontaneo embarazo de su novia Erda lo hizo abandonar sus estudios y obligarlo a trabajar en la agencia de limpieza del señor Piero, donde se encargaba de remover las victimas de homicidios, suicidios o bien de accidentes automovilísticos que perecían sobre las calles y caminos. Sus compañeros lo habían apodado como Máscara de Muerte, pues mencionaban que aquel sobrenombre iba perfecto con su nombre verdadero, pues aseguraban que Daemon Maquiavelo era un juego de palabras para Demonio maquiavélico.
Cuando llegaron al lugar de los hechos, Deathmask bajó del auto, se colocó el gorro de su traje y aseguró el cubre bocas a la altura de su boca donde debía de ir. Fue hacia atrás de la camioneta y después de abrir las puertas tomó del interior un par de bolsas negras. Deathmask le extendió una a su compañero mientras examinaban si alguno de los pasajeros seguía con vida.
Lamentablemente ambos estaban muertos, la sangre había comenzado a ennegrecerse, Deathmask revisó al sujeto masculino, mientras que su compañero se encargaba de la mujer; usualmente los equipos de limpieza de Piero se conformaban de tres personas, dos de ellos recolectores, quienes hacían el trabajo sucio de mover y empaquetar los cuerpos, y el perito, quien únicamente se dedicaba a sacar fotografías previas, relatar cómo es que habían encontrado el cuerpo, las diversas características y algunas veces, tratar de determinar la posible causa de muerte, haciendo el trabajo más fácil para el médico forense.
Deathmask extrajo el cuerpo masculino del auto sin dificultad alguna, aun cuando el hombre había sido ensartado por uno de los pernos del auto, y posteriormente lo metió en una bolsa de cierre. Lo dejó en el suelo para que su compañero Georg se encargara de fotografiarlo, desde el principio, Deathmask se había percatado que el desdichado difunto tenía un hueco en el pecho, a lo que supuso que algún órgano había salido disparado.
Con cuidado se dedicó únicamente a encontrarlo, pues no podían darse el lujo de dejar algo así de desagradable a la vista de cualquier persona. Por el contrario, Ray, quien se estaba encargando de extraer a la mujer tuvo que usar la fuerza y herramienta especial para extraerla; con una sierra cercenó las piernas de la joven, parecía que en vida había sido muy hermosa y su edad no sobrepasaba la edad de 19 años.
Una vez que el dorso de la mujer había sido depositado en la bolsa, las piernas fueron fáciles de extraer, aunque Ray no aseguraría que salieran sin ningún rasguño, las láminas del auto se habían compactado a tal punto de quebrarse, lo que hizo que algunas de ellas sostuvieran la piel de la joven y arrancaran algunas partes cuando estas fueron extraídas por el recolector. Finalmente, una por una fue puesta en la bolsa.
Daemon se desplazó frente al auto, unos cuantos metros más y encontró lo que estaba buscando. Como si se tratase de un saco de dinero, se abalanzo hacia él, el órgano que había sido disparado se trataba del corazón, en perfecto estado; eso sí, tenía un poco de lodo y restos de basura, pero parecía que este había sido extraído con tanto tacto y de la manera más profesional posible y no que fue atravesado por una barra de metal.
Deathmask tenía especial interés en los órganos humanos como todo buen anatomista, así que aun en cuclillas abrió el overol y sin más metió el órgano en la bolsa de su camiseta, esperando que de nadie lo hubiera visto se puso de pie, se dio media vuelta y llevo la bolsa negra con el cuerpo masculino hasta la parte trasera de la camioneta. Una vez levantado el peritaje, y limpiado completamente el lugar, Deathmask y sus compañeros se dispusieron a abandonar el sitio.
En el interior del automóvil, Deathmask se sentó al volante nuevamente, espero en silencio un momento aun después que las puertas se habían cerrado y sus compañeros ya estaban sentados. Sintió la humedad bajo su ropa; era algo incómodo, pues pensaba que la mancha roja de la sangre se haría presente delatándolo. Sus pensamientos se vieron irrumpidos una vez que Georg le dio un golpe en la cabeza, a lo que le dijo:
—¡Andando pedazo de mierda!, quiero quitarme toda esta porquería de encima— Deathmask asintió con la cabeza un par de veces, arrancando enseguida la camioneta de vuelta al patio de Piero.
Durante todo el camino de vuelta, Deathmask no había hecho un solo comentario, aun cuando este era quien más emocionado se ponía en los trabajos de campo y hablaba una y otra vez de todo lo que habían visto. Al llegar, Georg y Ray se dispusieron a bajar los cuerpos de la camioneta. Deathmask por su parte corrió al interior del lugar, tomo sus pertenencias y después salió corriendo de camino a casa.
En su partida, Daemon dejo a Ray y Georg encargándose de los cadáveres, los dos compañeros habían proferido algunas palabras en contra de él, sin embargo, siguieron haciendo su trabajo, no le vieron como acto extraño que Deathmask huyera de esa forma, pues estaban a unos minutos de terminar su turno, quizás el muchacho solo se había adelantado.
Deathmask camino hasta su casa en silencio, con la cabeza gacha, volteaba a ver a sus espaldas de vez en cuando, y cuidaba el camino de todo aquel que se cruzara en él. Al llegar a la pensión donde vivía, paso de largo por el patio hasta llegar a su puerta. Sin demora alguna se limitó a entrar en silencio. No había muchos lujos en su vida, después de todo, la limpieza de calles no daba mucho dinero. Deathmask apenas podía pagar la renta de ese espantoso lugar, sus padres le habían retirado su apoyo y hace más de un año que no sabía nada de ellos.
Erda era una chiquilla apenas cuando se embarazo, y no pudo continuar en la escuela, además, Deathmask no se sentía en confianza al dejarla volver, pues ella era una chica demasiado coqueta. Ella había intentado trabajar en un par de lugares, sin embargo, no le fue muy bien, pues en su trabajo en la tienda de Alf la habían encontrado robando un paquete de cigarrillos y tomando unos cuantos billetes de la caja. Mientras que en su trabajo de cuidadora de niños había sido completamente igual, de vez en cuando Erda tomaba las prendas y joyas de quienes la contrataban, además citaba a Deathmask para mantener relaciones con él en la habitación principal.
Al entrar a su casa se desplazó rápidamente hasta el cuarto de lavado; allí había una estantería de cuatro niveles, toda ella repleta de frascos con formol. Deathmask no tardó en abrir el cierre del overol. Entonces extrajo el corazón que llevaba en su bolsillo interno. Aún tenía sangre del pobre y desdichado hombre, había mojado y manchado parte de su ropa.
El italiano lo sostuvo con la mano derecha mientras buscaba un frasco vacío donde ponerlo. Al encontrarlo, no tardó mucho en sumergirlo en el líquido que lo conservaría. Enseguida este se tornaría un poco rojizo. Deathmask lo selló con fuerza y lo colocó en el segundo nivel; allí permaneció un par de minutos, observando su maquiavélica y peculiar colección. Había un frasco grande con al menos 20 piezas de ojos, y este solo estaba ocupado hasta la mitad. También tenía uno con una mano amputada dentro, blanquecina y un poco hinchada.
— ¡Oh vaya, está deteriorándose! Debo cambiarle el líquido— pensó.
Luego, en el tercer nivel, en el frasco más grande de toda la repisa, se encontraba un feto humano. Tenía deformaciones de nacimiento, era retorcido y mal formado, con un agujero en su pecho, donde su corazón debería haber estado, y aunque estas deformaciones no podían verse debido a la posición del pequeño, el tejido estaba tornándose grisáceo, quizás con unas pequeñas betas verdes, sin embargo, resultaba ser algo realmente impresionante de ver.
—Mi pequeño Michelangelo... — dijo la voz de su novia. Erda estaba rodeando la cintura de Deathmask y dejando un pequeño beso sobre su espalda.
El pequeño Miguel Ángel había llegado prematuro, Erda estuvo dieciséis horas en labor de parto. Miguel Ángel nació muerto. Llegó prematuro un mes debido, según se dice, al disgusto que Erda se llevó tras haber encontrado a Deathmask en la cama con otra mujer.
Ella no fue capaz de verlo, pues permaneció sedada por los siguientes tres días; había enloquecido cuando se le informo que su pequeño había muerto, grito y culpo a Deathmask de esto. Daemon lo había logrado extraer del hospital al utilizar una carta membretada con sellos falsos de la facultad de medicina.
Y aunque fue difícil para Erda verlo las primeras veces, se había acostumbrado a tenerlo en la repisa, pues a veces era común encontrarla sentada sobre la cama cantándole una canción de cuna.
Al poco tiempo Deathmask se dio media vuelta y le tomó por la cintura, dejó un pequeño beso sobre sus labios y enseguida fue a desvestirse, Erda había estado preparando la cena para ambos. El agua parecía estar sucia; era de un color marrón semi oxidado; la tina también estaba manchada, el hombre permanecía con los ojos cerrados dejando que el agua le cubriera el cuerpo hasta mitad del rostro.
Enseguida un pequeño trozo de lo que precia ser carne, salió a flote cerca de él tocándole la mejilla. Abrió los ojos y enseguida lo tomó, con fuerza logró apretarlo entre sus manos dejando escurrir un chisguete de sangre. Una vez más el agua se manchó.
Dejó que el residuo se hundiera una vez más en la tina, y entonces Deathmask tomó con ambas manos su miembro; comenzó a masturbarlo de arriba hacia abajo haciendo que el agua se volviera un poco turbulenta, jadeaba un poco conforme el miembro se endurecía. Estaba a punto de llegar a su orgasmo, sin embargo, pudo contenerse antes.
Minutos más tarde, Daemon se puso de pie, secó su cuerpo con una toalla y completamente desnudó se dirigió hacia la habitación mientras la tina se vaciaba por si sola. Allí, su novia se encontraba recostada sobre la cama. Estaba viendo tv mientras aguardaba a que el barniz de uñas negro se secara por completo, usaba una camiseta negra holgada sin mangas y unas bragas al mismo color. El mayor se colocó encima de ella, retiró hacia un costado la pantaleta y con una estocada fuerte hizo que su miembro endurecido entrara en la cavidad anal.
Erda gimió con fuerza, pero terminó riendo a la vez que mordía sus propios labios. Ligeramente hizo que su trasero se moviera en contra de él, intentando que el enfurecido miembro entrase más en ella.
Deathmask sostuvo el trasero con ambas manos, apretujándolo y golpeándolo hasta que éste se tornase completamente rojo.
Finalmente terminó colocándose encima de ella e hizo que su rostro fuera un poco hacia atrás, hasta donde pudiera besarla, enseguida comenzó a embestirla con fuerza. La muchacha sonreía y gemía por más, siseaba y mordía un poco su propio brazo, mientras que con su otra mano masajeaba su clítoris, finalmente y después de un tiempo, Deathmask se corrió en el interior de ella, un poco de semen escurrió de su cavidad anal hacia la vaginal, donde si bien la chica lo tomó con sus dedos y después lo llevó hasta su boca. Lamio sus dedos y sus largas uñas, el barniz estaba totalmente estropeado, sin embargo, eso no le importo en lo más mínimo.
Ella sonrió y enseguida se levantó junto con él, esta vez la chica hizo que el italiano se recostase sobre la cama, ella se colocó sobre de él, justo a la altura de su rostro, sostuvo una vez más el puente de la pantaleta, enseguida Deathmask pasó un par de veces su lengua entre la entrepierna de su novia. Erda comenzó a gemir nuevamente, sus caderas realizaban una leve rutina de vaivén con la cual Deathmask alcanzaba a degustar completamente su vagina.
Al poco tiempo Erda se corrió sobre la boca del italiano. Soltando una leve risa al sentir como su novio se regocijaba y restregaba su rostro entre sus fluidos y su rosada cavidad.
El conductor y su acompañante comenzaron a besarse, sus bocas se entrelazaron al igual que sus lenguas, los chasquidos de la saliva eran inaudibles debido al ronroneo del Espada. El impaciente conductor metió su mano derecha entre las piernas de la mujer, tocó su parte íntima y la hizo gemir en un tono apenas audible; pareciera que conforme más excitado se volvía, la velocidad del auto aumentaba, en su mente tan solo se cruzaba la idea de tener que llegar a Antella antes del amanecer, pero con un demonio, estaba realmente impaciente por poder follarse a su amante que no quiso detenerse a consumar el acto como cualquier persona normal lo haría.
Su vista estaba tan perdida en las expresiones que la fémina realizaba debido a las estimulaciones, que el conductor fue incapaz de prestar atención al camino y poder ver la curva que se encontraba delante de ellos.
En pocos segundos todo se volvió silencio, el conductor no pudo hacer más que intentar controlar el volante del auto, sin embargo, le fue inútil, la velocidad a la que los neumáticos giraban no sería posible detenerla con los frenos, se fueron directo hacia una cerca metálica que delimitaba la carretera. Los neumáticos patinaron en la tierra enfangada, enseguida, el auto se volcó en más de 180 grados, una tras otra vez.
La joven mujer rubia golpeó su cabeza contra el techo, algunos cristales le rompieron los bellos pómulos, ambos brazos fueron rotos y sus piernas se prensaron entre el capo y el asiento. Para el hombre habría sido un poco mejor, si tan solo la explosión de la bolsa de aire lo hubiera hecho ahogarse y morir dignamente momentos antes, sin embargo, las piezas de vidrio que salpicaron de los lados y frente, incrustándosele en su rostro como miles de flechas en una diana. Un perno de hierro que sostenía la almohadilla del asiento, le atravesó el pecho, haciendo que su corazón saliera disparado de su cuerpo a través del cristal frontal del auto, cayendo metros adelante. Los borbotones de sangre mancharon el tablero y vestiduras blancas del auto.
Enseguida, del motor comenzó a salir un espeso humo, el impacto con la valla de contención había hecho que el auto se detuviera por completo, pues con las volcaduras había quedado inservible, igual que la vida de las personas a bordo.
El teléfono sonaba por segunda vez en la oficina; alguien atendió inmediatamente.
—Agencia de Limpieza de Piero, habla Daemon. — Respondió el hombre con un tono somnoliento y algo perezoso.
Dio una profunda inhalación a su cigarro, consumiéndolo por completo, dejando que el humo entrase en su sistema, acto seguido, arrojo la colilla del cigarrillo al suelo.
Enseguida el ceño en su rostro cambió, estuvo a punto de ahogarse con el humo del tabaco, sus fosas nasales al igual que su boca exhalaron un denso humo grisáceo, tan rápido como pudo, tomó un pedazo de papel y un boligrafo. Escribió en el lo que parecía una dirección, enseguida colgó agradeciendo por el reporte. Al colgar la llamada, Daemon agitó un poco el papel hacia dos de sus compañeros, ellos sonrieron ligeramente y se pusieron de pie frente a sus escritorios, arrojando cada uno un cigarrillo por igual.
El grupo conformado por tres hombres se dirigieron hacia los vestidores, allí, cada uno tomó un overol de plástico, un par de botas negras, cubre bocas y guantes. Se vistieron con las prendas y se dispusieron a salir; en el patio trasero del edificio rápidamente abordaron una furgoneta en la que se desplazaron a gran velocidad.
Daemon era el encargado de conducir, él era un hombre enérgico y vigoroso, de ingenio rápido y lengua viperina. Los cabellos marinos se le alborotaban un poco debido al viento que se colaba por la ventana, el cubre bocas iba a la altura de su mentón lo cual ocultaba una mota pequeña de vello que usaba como barba. Su tez morena resaltaba de entre los dos compañeros restantes, su rostro era rígido y delgado, daba la impresión de siempre estar molesto con los demás, inclusive para quienes no lo conocían, resultaba ser tétrico y ciertamente extraño, pues el muchacho era muy aficionado a la sangre y desechos.
Daemon tuvo una muy corta estadía en la facultad de medicina, el espontaneo embarazo de su novia Erda lo hizo abandonar sus estudios y obligarlo a trabajar en la agencia de limpieza del señor Piero, donde se encargaba de remover las victimas de homicidios, suicidios o bien de accidentes automovilísticos que perecían sobre las calles y caminos. Sus compañeros lo habían apodado como Máscara de Muerte, pues mencionaban que aquel sobrenombre iba perfecto con su nombre verdadero, pues aseguraban que Daemon Maquiavelo era un juego de palabras para Demonio maquiavélico.
Cuando llegaron al lugar de los hechos, Deathmask bajó del auto, se colocó el gorro de su traje y aseguró el cubre bocas a la altura de su boca donde debía de ir. Fue hacia atrás de la camioneta y después de abrir las puertas tomó del interior un par de bolsas negras. Deathmask le extendió una a su compañero mientras examinaban si alguno de los pasajeros seguía con vida.
Lamentablemente ambos estaban muertos, la sangre había comenzado a ennegrecerse, Deathmask revisó al sujeto masculino, mientras que su compañero se encargaba de la mujer; usualmente los equipos de limpieza de Piero se conformaban de tres personas, dos de ellos recolectores, quienes hacían el trabajo sucio de mover y empaquetar los cuerpos, y el perito, quien únicamente se dedicaba a sacar fotografías previas, relatar cómo es que habían encontrado el cuerpo, las diversas características y algunas veces, tratar de determinar la posible causa de muerte, haciendo el trabajo más fácil para el médico forense.
Deathmask extrajo el cuerpo masculino del auto sin dificultad alguna, aun cuando el hombre había sido ensartado por uno de los pernos del auto, y posteriormente lo metió en una bolsa de cierre. Lo dejó en el suelo para que su compañero Georg se encargara de fotografiarlo, desde el principio, Deathmask se había percatado que el desdichado difunto tenía un hueco en el pecho, a lo que supuso que algún órgano había salido disparado.
Con cuidado se dedicó únicamente a encontrarlo, pues no podían darse el lujo de dejar algo así de desagradable a la vista de cualquier persona. Por el contrario, Ray, quien se estaba encargando de extraer a la mujer tuvo que usar la fuerza y herramienta especial para extraerla; con una sierra cercenó las piernas de la joven, parecía que en vida había sido muy hermosa y su edad no sobrepasaba la edad de 19 años.
Una vez que el dorso de la mujer había sido depositado en la bolsa, las piernas fueron fáciles de extraer, aunque Ray no aseguraría que salieran sin ningún rasguño, las láminas del auto se habían compactado a tal punto de quebrarse, lo que hizo que algunas de ellas sostuvieran la piel de la joven y arrancaran algunas partes cuando estas fueron extraídas por el recolector. Finalmente, una por una fue puesta en la bolsa.
Daemon se desplazó frente al auto, unos cuantos metros más y encontró lo que estaba buscando. Como si se tratase de un saco de dinero, se abalanzo hacia él, el órgano que había sido disparado se trataba del corazón, en perfecto estado; eso sí, tenía un poco de lodo y restos de basura, pero parecía que este había sido extraído con tanto tacto y de la manera más profesional posible y no que fue atravesado por una barra de metal.
Deathmask tenía especial interés en los órganos humanos como todo buen anatomista, así que aun en cuclillas abrió el overol y sin más metió el órgano en la bolsa de su camiseta, esperando que de nadie lo hubiera visto se puso de pie, se dio media vuelta y llevo la bolsa negra con el cuerpo masculino hasta la parte trasera de la camioneta. Una vez levantado el peritaje, y limpiado completamente el lugar, Deathmask y sus compañeros se dispusieron a abandonar el sitio.
En el interior del automóvil, Deathmask se sentó al volante nuevamente, espero en silencio un momento aun después que las puertas se habían cerrado y sus compañeros ya estaban sentados. Sintió la humedad bajo su ropa; era algo incómodo, pues pensaba que la mancha roja de la sangre se haría presente delatándolo. Sus pensamientos se vieron irrumpidos una vez que Georg le dio un golpe en la cabeza, a lo que le dijo:
—¡Andando pedazo de mierda!, quiero quitarme toda esta porquería de encima— Deathmask asintió con la cabeza un par de veces, arrancando enseguida la camioneta de vuelta al patio de Piero.
Durante todo el camino de vuelta, Deathmask no había hecho un solo comentario, aun cuando este era quien más emocionado se ponía en los trabajos de campo y hablaba una y otra vez de todo lo que habían visto. Al llegar, Georg y Ray se dispusieron a bajar los cuerpos de la camioneta. Deathmask por su parte corrió al interior del lugar, tomo sus pertenencias y después salió corriendo de camino a casa.
En su partida, Daemon dejo a Ray y Georg encargándose de los cadáveres, los dos compañeros habían proferido algunas palabras en contra de él, sin embargo, siguieron haciendo su trabajo, no le vieron como acto extraño que Deathmask huyera de esa forma, pues estaban a unos minutos de terminar su turno, quizás el muchacho solo se había adelantado.
Deathmask camino hasta su casa en silencio, con la cabeza gacha, volteaba a ver a sus espaldas de vez en cuando, y cuidaba el camino de todo aquel que se cruzara en él. Al llegar a la pensión donde vivía, paso de largo por el patio hasta llegar a su puerta. Sin demora alguna se limitó a entrar en silencio. No había muchos lujos en su vida, después de todo, la limpieza de calles no daba mucho dinero. Deathmask apenas podía pagar la renta de ese espantoso lugar, sus padres le habían retirado su apoyo y hace más de un año que no sabía nada de ellos.
Erda era una chiquilla apenas cuando se embarazo, y no pudo continuar en la escuela, además, Deathmask no se sentía en confianza al dejarla volver, pues ella era una chica demasiado coqueta. Ella había intentado trabajar en un par de lugares, sin embargo, no le fue muy bien, pues en su trabajo en la tienda de Alf la habían encontrado robando un paquete de cigarrillos y tomando unos cuantos billetes de la caja. Mientras que en su trabajo de cuidadora de niños había sido completamente igual, de vez en cuando Erda tomaba las prendas y joyas de quienes la contrataban, además citaba a Deathmask para mantener relaciones con él en la habitación principal.
Al entrar a su casa se desplazó rápidamente hasta el cuarto de lavado; allí había una estantería de cuatro niveles, toda ella repleta de frascos con formol. Deathmask no tardó en abrir el cierre del overol. Entonces extrajo el corazón que llevaba en su bolsillo interno. Aún tenía sangre del pobre y desdichado hombre, había mojado y manchado parte de su ropa.
El italiano lo sostuvo con la mano derecha mientras buscaba un frasco vacío donde ponerlo. Al encontrarlo, no tardó mucho en sumergirlo en el líquido que lo conservaría. Enseguida este se tornaría un poco rojizo. Deathmask lo selló con fuerza y lo colocó en el segundo nivel; allí permaneció un par de minutos, observando su maquiavélica y peculiar colección. Había un frasco grande con al menos 20 piezas de ojos, y este solo estaba ocupado hasta la mitad. También tenía uno con una mano amputada dentro, blanquecina y un poco hinchada.
— ¡Oh vaya, está deteriorándose! Debo cambiarle el líquido— pensó.
Luego, en el tercer nivel, en el frasco más grande de toda la repisa, se encontraba un feto humano. Tenía deformaciones de nacimiento, era retorcido y mal formado, con un agujero en su pecho, donde su corazón debería haber estado, y aunque estas deformaciones no podían verse debido a la posición del pequeño, el tejido estaba tornándose grisáceo, quizás con unas pequeñas betas verdes, sin embargo, resultaba ser algo realmente impresionante de ver.
—Mi pequeño Michelangelo... — dijo la voz de su novia. Erda estaba rodeando la cintura de Deathmask y dejando un pequeño beso sobre su espalda.
El pequeño Miguel Ángel había llegado prematuro, Erda estuvo dieciséis horas en labor de parto. Miguel Ángel nació muerto. Llegó prematuro un mes debido, según se dice, al disgusto que Erda se llevó tras haber encontrado a Deathmask en la cama con otra mujer.
Ella no fue capaz de verlo, pues permaneció sedada por los siguientes tres días; había enloquecido cuando se le informo que su pequeño había muerto, grito y culpo a Deathmask de esto. Daemon lo había logrado extraer del hospital al utilizar una carta membretada con sellos falsos de la facultad de medicina.
Y aunque fue difícil para Erda verlo las primeras veces, se había acostumbrado a tenerlo en la repisa, pues a veces era común encontrarla sentada sobre la cama cantándole una canción de cuna.
Al poco tiempo Deathmask se dio media vuelta y le tomó por la cintura, dejó un pequeño beso sobre sus labios y enseguida fue a desvestirse, Erda había estado preparando la cena para ambos. El agua parecía estar sucia; era de un color marrón semi oxidado; la tina también estaba manchada, el hombre permanecía con los ojos cerrados dejando que el agua le cubriera el cuerpo hasta mitad del rostro.
Enseguida un pequeño trozo de lo que precia ser carne, salió a flote cerca de él tocándole la mejilla. Abrió los ojos y enseguida lo tomó, con fuerza logró apretarlo entre sus manos dejando escurrir un chisguete de sangre. Una vez más el agua se manchó.
Dejó que el residuo se hundiera una vez más en la tina, y entonces Deathmask tomó con ambas manos su miembro; comenzó a masturbarlo de arriba hacia abajo haciendo que el agua se volviera un poco turbulenta, jadeaba un poco conforme el miembro se endurecía. Estaba a punto de llegar a su orgasmo, sin embargo, pudo contenerse antes.
Minutos más tarde, Daemon se puso de pie, secó su cuerpo con una toalla y completamente desnudó se dirigió hacia la habitación mientras la tina se vaciaba por si sola. Allí, su novia se encontraba recostada sobre la cama. Estaba viendo tv mientras aguardaba a que el barniz de uñas negro se secara por completo, usaba una camiseta negra holgada sin mangas y unas bragas al mismo color. El mayor se colocó encima de ella, retiró hacia un costado la pantaleta y con una estocada fuerte hizo que su miembro endurecido entrara en la cavidad anal.
Erda gimió con fuerza, pero terminó riendo a la vez que mordía sus propios labios. Ligeramente hizo que su trasero se moviera en contra de él, intentando que el enfurecido miembro entrase más en ella.
Deathmask sostuvo el trasero con ambas manos, apretujándolo y golpeándolo hasta que éste se tornase completamente rojo.
Finalmente terminó colocándose encima de ella e hizo que su rostro fuera un poco hacia atrás, hasta donde pudiera besarla, enseguida comenzó a embestirla con fuerza. La muchacha sonreía y gemía por más, siseaba y mordía un poco su propio brazo, mientras que con su otra mano masajeaba su clítoris, finalmente y después de un tiempo, Deathmask se corrió en el interior de ella, un poco de semen escurrió de su cavidad anal hacia la vaginal, donde si bien la chica lo tomó con sus dedos y después lo llevó hasta su boca. Lamio sus dedos y sus largas uñas, el barniz estaba totalmente estropeado, sin embargo, eso no le importo en lo más mínimo.
Ella sonrió y enseguida se levantó junto con él, esta vez la chica hizo que el italiano se recostase sobre la cama, ella se colocó sobre de él, justo a la altura de su rostro, sostuvo una vez más el puente de la pantaleta, enseguida Deathmask pasó un par de veces su lengua entre la entrepierna de su novia. Erda comenzó a gemir nuevamente, sus caderas realizaban una leve rutina de vaivén con la cual Deathmask alcanzaba a degustar completamente su vagina.
Al poco tiempo Erda se corrió sobre la boca del italiano. Soltando una leve risa al sentir como su novio se regocijaba y restregaba su rostro entre sus fluidos y su rosada cavidad.
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