2. Una gran estrella


—Antes de que mi hermano fuera enviado en mi lugar a la Isla de la Reina Muerte y yo a la Isla de Andrómeda, nunca había tenido algo como esto—. La mente de Shun se sumergió en cálidos recuerdos cuando, de repente, una lágrima brotó de sus ojos y rodó por su mejilla. Ikki lo percibió.

—No llores Shun, si lloramos por el amor de nuestra madre, ella no podrá descansar en paz—. Shun volvió rápidamente en sí.

—No, no es por eso, sino porque estoy feliz por estar aquí contigo en este momento, a tu lado, hermano... y de ahora en adelante, estaremos juntos por un largo tiempo ¿no? —.

—Shun, —Recuerda Ikki— un día levante mi puño en tu contra—.

—Hermano—.

Ikki con una expresión apática, dejo el tema de lado.

—Shun, tu no recuerdas el rostro de mamá ¿verdad? —.

—Así es… no lo recuerdo—

—Es lógico, mamá murió hace mucho tiempo, cuando tú apenas eras un bebé—.

—Tu si la recuerdas, ¿no hermano? —.

—....—

— ¿Cómo era ella?

—Era parecida a ti—

— ¿A mí...? hermano, ella no se parecía a mí, yo me parezco a ella ¿no? —.

—Fuu… eso entonces—.

Inusualmente una ancha sonrisa se dibujó en el rostro de Ikki

—Hermano, perdóname por haber dejado que en mi lugar fueras a la Isla de la Reina Muerte—.

—Eso es algo que ya pasó—.

—Pero por mi culpa...—.

—Ciertamente, esa isla era un infierno. Allí, una persona débil se transformaría fácilmente en un cadáver... Pero nosotros, cada uno de nosotros, nos convertimos en caballeros, sufriendo torturas, soportando todo a costa de mucha sangre y llevando en la espalda el peso de nuestro destino... por unos largos seis años—.

—....—.

Los ojos de Ikki alcanzaban a lo lejos mientras parecía alcanzar lo más íntimo de sus memorias.

—Si Esmeralda no hubiese estado a mi lado, posiblemente yo no hubiera podido volver a poner un pie en Japón nuevamente—.

—Esmeralda...—

—Ahh, era hija de mi maestro—.

—....—.

—En esa isla infernal, donde el corazón de un pueblo tanto como la tierra y sus alrededores eran corroídos por la erosión, ella para mí era como un ángel que los dioses enviaron del cielo. Si, un ángel, una chica tan dulce que no era posible creer que fuera hija de mi maestro, al punto de envolverme completamente. Si no fuera por su reconfortante sonrisa, seguro que yo ahora no estaría aquí contigo—. El rostro de Esmeralda se dibuja en la mente de Ikki.

—Además de eso, ella se parecía mucho a ti—.

— ¿Parecida a mí? —

—Exceptuando el hecho de que ella era mujer y su color de cabello era diferente, en todo lo demás, si, se parecía totalmente a ti—.

— Pero ¿cómo es eso posible? —

—La casa donde viví en la Isla de la Reina Muerte era un cuarto subterráneo, húmedo, fétido, y sobre rocas duras. En un cuarto así, en donde me parecía ver esqueletos y calaveras por doquier, al dormirme parecía morir todos los días, pero Esmeralda... ella me animaba, me despertaba, recordándome que tenía que continuar luchando, conquistar la armadura del Fénix y volver a Japón—. Ikki había terminado de hablar. Shun escucho la profunda respiración de Ikki.

—Hermano, ¿y que paso con Esmeralda? —. La expresión de Ikki había cambiado completamente, como si rechazará continuar con la conversación. Shun pareció entender y permaneció en silencio. En aquel momento un rayo brillo en el cielo y un trueno rugió levemente a lo lejos.

—Hermano—.

—Hum, parece que va a llover... Madre, estamos preparados para renunciar a nuestras vidas por Athena en cualquier momento. Así es que, quizás no volvamos a verte de nuevo—.

—Pero hermano de ser así, podemos ir a donde esta mamá y volver a estar juntos nuevamente—.

—Pff.... Shun, por eso no descuides tu vida—.

—Ya lo sé hermano, ya no soy aquel llorón, ahora soy el caballero de Andrómeda—.

—Lucharé hasta el final, como un hombre—.

—Te lo prometo en frente de nuestra madre, hermano—

—Muy bien— Ikki asistió con la cabeza

—Hermano, mira, hay cisnes volando hacia el sur—.

—Shun, a mí no me gustan los grupos—.

En ese momento, resonó un trueno a lo lejos otra vez. Detrás de aquel relámpago sintieron un extraño cosmos agresivo. Entonces descendieron de la colina y cuando los dos hermanos estaban a travesando en el río, Shun había notado unas cosas sobre su superficie. —Hermano, son carpas— De hecho, en el río en el cual Shun señalaba con su dedo, había carpas que navegaban tranquilamente, Ikki le dio la razón a Shun y prosiguió:

—Shun, ya no quiero estar en grupo—

—Ehh...— Cuando Shun volteó hacía atrás, Ikki ya había desaparecido —Hermano... ¡Hermano! —. La voz de Shun que clamaba por su hermano fue interrumpida abruptamente por un rayo y el sonido de las gotas de la lluvia que comenzaban a caer con fuerza, perforando la superficie del río como una ametralladora. El banco de carpas desapareció rápidamente, tal como lo hizo Ikki. Él único que estaba allí era Shun, en medio de la lluvia con su corazón congelado y su camisa empapada.

Cuando Shun volvió completamente empapado a la Mansión Kido, por infortunio Tatsumi junto con Saori y unos visitantes en el vestíbulo de la entrada. En una oscura esquina retumbó la áspera voz de Tatsumi reprochándolo

—Shun, ¿qué te pasa por llegar así, en frente de nuestros invitados? ¡Por la puerta del fondo, bastaba dar la vuelta y entrar por la puerta del fondo! — Shun, que inmediatamente hizo a una reverencia a los huéspedes, cuando ya se dirigía a la puerta de servicio, fue llamado amablemente por Saori.

—No importa Shun, sube y ponte cómodo ¿sí? —

—Señorita Saori—

—Señorita Saori, no debe hacer eso, si siempre es complaciente con todos estos muchachos, ellos se van a acostumbrar, es un pésimo hábito—

Saori, como siempre, ignoró a Tatsumi.

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