3. Ataque misterioso

Ya habían pasado varios días desde que Saori abandonó el Santuario y a pesar de que la estación templada ya había llegado, en el Santuario el tiempo permanecía siendo limpio y fresco como si él también celebrase el advenimiento de Atenea. 

Sin embargo, esa mañana, por alguna razón, había momentos en que podía sentirse una intensa corriente helada. En la Fuente de Atenea, donde recibían toda la atención que era posible, Seiya y sus compañeros aún no habían recobrado el sentido y todavía vagaban por la frontera entre la vida y la muerte. ¿Sería que sus cuerpos, al igual que sus armaduras, no iban a sobrevivir a la batalla de las doce casas? 

La intranquilidad de los caballeros de Oro había aumentado considerablemente cuando recibieron de Mu la noticia de que las armaduras de Seiya y los demás habían muerto. 

Esa noche.... 

Los dos guardias apostados frente a la Fuente de Atenea, después de aburrirse de hablar del tema tópico del extraño frío que hacía para esa estación, bostezaban al unísono cuando fueron sacudidos por un temblor. 

Inmediatamente abrieron sus soñolientos ojos con atención. 

Pero apenas hubieran gritado —¡¿Quiénes sois?! — ambos guardias cayeron muertos, a los pies de cuatro o cinco sombras masculinas que, sin hacer ruido, se introdujeron dentro del templo. 

Al igual que cuando cazaban en su tierra natal, permanentemente cubierta de nieve, contenían la respiración y controlaban su energía tratando de captar los efluvios de su presa. 

—¡Es esa habitación! — 

Los asesinos que atravesaban corriendo la amplia galería, llegaron sin el menor extravió ante la habitación donde los caballeros de bronce se recuperaban y de una fuerte patada reventaron la puerta. 

Dentro encontraron las figuras de Seiya y sus compañeros tumbados en sus camas.

—¡¿Eh?! — 

Una de las cinco camas estaba vacía. 

—¿No os parece que para venir a visitar a unos enfermos habéis sido demasiado bruscos llamando a la puerta? —

Uno de los asesinos volvió la cabeza y en la oscuridad del pasillo se encontró con la fantasmal figura de un hombre. Con dificultad contuvo una exclamación. 

—¿Qui...quién eres? — 

—Hum, alguien que se cuela en el Santuario como si fuera una vulgar rata ladrona me pregunta a mí, mi nombre.... no me hagas reír—

Habiendo perdido su energía vital, con las mejillas hundidas pero envuelto en una terrible aura de furia, Ikki se mostró a los asesinos, saliendo de la oscuridad. 

—¿Qué... qué es esto? —

Respondiendo a la provocación lanzada por Ikki, los asesinos destrozaron la ventana y salieron persiguiéndole. 

En su estado normal Ikki hubiera podido librarse de sus oponentes con un solo golpe. Sin embargo, tan sólo se había levantado de la cama gracias a su instinto que percibió el aura de los asesinos que les acechaban porque realmente Ikki, al igual que sus compañeros, no se había recuperado de sus heridas mortales. 

Si la lucha se prolongaba, no sólo él sino también sus indefensos amigos serían víctimas del grupo de asesinos. 

—Eso no lo permitiré nunca—

Sin importarle cuanto se quejaba su cuerpo malherido al concentrar y aumentar su cosmos Ikki lanzó su ataque más poderoso. 

—¡¡HOYOKU TENSHOOO!! —

Los asesinos que por primera vez veían un ataque de fuego tan poderoso abrieron los ojos con terror antes de caer fulminados. Pero en ese momento el cuerpo de Ikki se estremeció por algo diferente al dolor de sus heridas. 

Era un aura helada, de gran poder y rebosante de un poderoso instinto asesino, un aura incomparable con la de los asesinos de antes. La sombra blanca que salió de la arboleda lanzó un golpe a una velocidad imposible de seguir con la vista. 

—¡Se ha movido a la velocidad de la luz, como sólo los caballeros de oro deberían poder hacerlo! —

—¡Es un golpe a la velocidad de la luz! — 

Ikki se quedó petrificado ante el poderoso ataque helado que se le acercaba tiñendo el lugar con una luz blanco azulada como si rasgara la noche. Un escalofrío recorrió su espalda. 

—En mi estado no voy a poder esquivarlo— 

Y no sólo eso, ni siquiera llevaba puesta su armadura, estaba a cuerpo descubierto. 

Ikki, que hasta entonces nunca había sentido un auténtico temor a morir, vio como el dueño de la sombra esbozaba una maliciosa sonrisa de triunfo, quizás fuera la sonrisa con la que dicen que el dios de la muerte invita a los muertos. 

—Hermano ... —

De pronto tuvo la sensación de oír la voz de su hermano desde la lejanía, pero Ikki ya se había resignado a morir, no había nada que pudiera hacer. Cerró los ojos y sintió como una poderosa aura helada estallaba frente a él. Pero entonces notó un poderosísimo cosmos envolviéndolo. 

—¡Shaka! — 

Al abrir los ojos se encontró a Shaka de Virgo parado frente a él protegiéndole del ataque de hielo. 

La sombra blanca desapareció en la noche. 

Gracias al emblema de Odín de las corazas de los asesinos vencidos resultaba evidente cuál era su origen, venían del norte, eran soldados de Asgard. 

—¿Pero por qué los soldados de Asgard han...? — 

Shaka se planteaba esa pregunta. Realmente si alguien pretendía amenazar al Santuario este sin duda podría ser el mejor momento. La discordia interna causada por la rebelión de Saga se había solucionado y todo el Santuario se congregaba en unanimidad alrededor de Atenea, pero de eso hacia demasiado poco tiempo, las cosas no estaban asentadas y Seiya y sus compañeros, que habían demostrado durante la batalla de las 12 casas una capacidad superior a la de los caballeros de oro, estaban agonizando, sin duda ahora eran un blanco fácil. 

Sin pestañear murmuró Shaka preguntándose a sí mismo: —la representante de Odín, Dios de Asgard, la princesa Hilda, incluso en los países vecinos es amada y respetada por todos, se dice que rebosa bondad... —

—Entonces ¿por qué? —

Antes de que Shaka pudiera terminar sus palabras Ikki se acercó a él. 

—Ya sea Odín, ya sea Hilda no podemos permitir que hagan lo que les plazca, debemos ir allí. 

—En tu estado actual es imposible que puedas enfrentarte a los legendarios Guerreros Divinos de Asgard. Además, tu armadura del Fénix, al igual que las de tus compañeros, vaga por la frontera entre la vida y la muerte. —

—¿Cómo? — 

—La armadura del Fénix, el pájaro inmortal, que aún reducida a polvo o cenizas es capaz de resurgir esta vez no puede sanar sus alas rotas. Sólo podemos confiar en la capacidad de Mu para repararla junto con las demás y en la capacidad de Seiya y los demás para superar sus heridas—. 

Ikki no pudo más que asentir ante las palabras de Shaka. Entonces se percató que la armadura de Shaka, que había recibido el golpe helado, estaba como quemada recubierta de blanca escarcha. 

Mientras que Ikki ni con su golpe más poderoso había sido capaz de producir el más mínimo daño a la armadura de oro de Virgo.

—Esa sombra blanca... ese hombre, debía de ser uno de los legendarios guerreros divinos de Asgard. —

Por un momento, en un lejano lugar de su conciencia, Ikki tuvo la sensación de ver como la estrella polar, así como las siete estrellas a las que correspondía su custodia brillaban con un extraño resplandor. 

No fue hasta varios meses más tarde cuando Ikki comprendió que quien le había atacado aquella noche fue Bud de Alcor, Guerrero divino de Zeta.

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