3. Hermanos

Saori solamente quería que Shun se cuidará

—Claro que un caballero no se resfriaría tan fácilmente, pero es bueno cuidarse—.

—Gracias, señorita Saori—.

—Tatsumi, yo acompaño a nuestros invitados a la salida y usted lleve a Shun al baño ¿sí? —.

— ¿Como? ¿Yo? —.

—Sí, usted ¿o es que acaso piensas desobedecer mis órdenes? —.

—No, claro. Shun, ven aquí—.

—Tatsumi, Shun esta empapado hasta la punta de los pies, así es difícil subir por sí mismo.... cárguelo usted mismo hasta allá arriba—.

— ¿Heein? ¿Cargarlo? —.

—Eso mismo—.

 Tatsumi intenta esconder su ira, hasta parece salir humo de su cabeza, la cual había bajado dócilmente en señal de obediencia.

—Tatsumi... —.

Era insoportable para él ser reprendido por Saori.

Aún amargado, pidió disculpas.

—Rápido Shun, sube—.

— ¿Está bien así? —.

Shun había subido a la espalda de Tatsumi sin pudor y sin mostrar sentimiento alguno de agradecimiento. Tatsumi entonces le dirige confidencialmente unas palabras.

—Shun, ¿te olvidaste que el ser humano posee un don dado por dios, un don llamado recato? Pues entonces, es bueno pensar bien en ello—.

Mientras “Tatsu " iba hablando, debatiendo a Shun, se adentraron en un pasillo. Y como Saori estaba ausente, no se había dado cuenta de la desaparición de Ikki.

—Ahh y.… que... ¿que estará haciendo Ikki? —. Allá afuera, de repente, una preocupación invadió el corazón de Saori.

Shun también, y nuevamente, pensaba sobre el paradero de Ikki mientras se calentaba bajo la ducha.

—Hermano, como he podido dejar que una lluvia separe nuestros destinos, un mismo pulso de vida... No importa cuántas veces nos golpee y las dificultades que pasemos, nuestros lazos son como una fuerte corriente nebulosa, hermano—.

Aunque Shun sea muy parecido a una mujer, diferente al caballero de bronce Seiya, cuyo cuerpo bruto y descuidado fue esculpido por los entrenamientos en Grecia, el hecho de que su rostro fuera idéntico al de su madre explicaría la suavidad de su piel, acariciada por el agua caliente de la ducha.

—Mi hermano siempre creyó en esto—.

Un relámpago relució por el baño al caer la noche y revelando el cuerpo liso y sin máculas de Shun.

Mientras se calentaba con el agua que caía de la ducha por su cuerpo, gradualmente crecía en él, una sensación de —ardiente frío—.

—Hermano, tu que tuviste que soportar el dolor, volviste a vivir y aún fuiste capaz de quitar de tu memoria todo lo que pasaste—.

Al oír a Saori llamándolo desde afuera, Shun no pudo esperar y terminó con su baño vistiéndose rápidamente.

— ¿Ikki andaba contigo, o no Shun? —.

Súbitamente Shun corrió a la puerta, y fríamente comenzó a explicar lo que había pasado.

—Mi hermano aún parece estar mal por haber luchado contra nosotros. Siempre parece ser frío con nosotros, se resiste a luchar a nuestro lado, ayudándonos uno al otro...—.

—Él es así de niño, de hecho, siempre fue así. Es un muchacho al que no le gusta ser ayudado.

Tatsumi apareció murmurando que lo odiaba.

— ¡Tatsumi! —.  Saori lo reprendió.

—Si ma.… pero señorita—.

—Ikki es un amigo de confianza. El caballero del Fénix nos ayudó en la eliminación del mal que dominaba al santuario—.  Diciendo esto, distinguida y enfáticamente, Saori demostró toda su confianza en Ikki. Y una bella sonrisa volvió al rostro de Shun.

—Saori, ¿Hyoga y Shiryu y dejaron la mansión? —

—Sí, Shiryu partió a los Cinco Picos Antiguos y Hyoga volvió a Siberia—.

—... ¿Y Seiya fue para el orfanato “Hijos de las estrellas “? —.

—Esperemos que él venga esta noche—.

La expresión de Shun cambió.

—Todos poseen un lugar a donde ir... y yo los envidio por eso—.

—Shun, hay un lugar donde tú puedes ir...—.

— ¿Ehh? —.

—Esta casa también es tuya. Esta casa es donde todos nacimos, pero, de todos modos, la decisión es tuya—.

—Sa.… señorita Saori—.

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