3. Roba-Cuerpos
Las mañanas calurosas del verano siempre irritaban a Erda, sobre todo cuando en aquel pequeño apartamento no había un aire acondicionado decente para satisfacerla, se dirigió hacia el baño para lavarse, seguramente el refrescarse la cara con agua fresca la haría sentir mucho mejor, pero lamentablemente aquello no fue así.
Sus piernas estaban pegajosas, su cabello corto estaba húmedo por encima de su cuello, además que su camiseta tenía una enorme mancha de sudor en la espalda. Molesta regreso donde la habitación, se deshizo de la camiseta, dejando al aire sus pequeños pechos. Entonces se dio cuenta del plato sobre la mesa, se acercó hasta la mesita de noche, para después tomarlo entre sus manos, enseguida lo acerco hasta su nariz y con una mueca de asco y molestia lo arrojo contra la pared.
El tapiz viejo y desgastado se manchó de amarillo gracias a la yema de los huevos rotos, el tocino frito tardo un poco en llegar al suelo, dejando un rastro oscuro a su paso por sobre la pared. El plato de cerámica blanco se rompió en cientos de pedazos,
Erda se molestó, levanto las sabanas para después meterse debajo de ellas, trataría de volver a conciliar el sueño, sin embargo, no pudo, comenzaría a aburrirse o ahogarse en el calor de la habitación de no hacer algo pronto. Cerró los ojos y cuando por fin estaba por conciliar el sueño una vez más, una extraña sensación de desesperación le invadió, se sentía un poco ansiosa. Sus manos rápidamente comenzaron a recorrer su cuerpo y sus piernas se movían de arriba a abajo causando fricción entre las frescas sabanas de lino.
Sus largos y delgados dedos se desplazaron por encima de su cuello, enseguida los bajo hasta situarlos sobre sus pechos para poder sostenerlos. Cerro los ojos acariciando con las yemas de sus dedos con levedad sobre los rosados pezones. Sus manos presionaban y jugueteaban, y de vez en cuando tironeaba de sus pezones hasta que estos se tornaran duros. Erda comenzaba a sentir esa sensación de deseo y desesperación que iba en aumento, no se conformaría simplemente con esas caricias, lo sabía muy bien.
Acto seguido deslizo su mano izquierda por sobre su abdomen hasta llegar hasta su entrepierna. Acaricio la entrepierna aún por encima de su ropa íntima. Apenas había una separación entre sus piernas, la cual dejaba que su mano se moviera de arriba a abajo. Sintiendo enseguida un pequeño aumento de calor en aquella zona.
Aun así, Erda deseaba sentir muchísimo más, quería sentir ese estado tan placentero en el que había estado algunas veces antes cuando Daemon no estaba presente. Poco a poco sus interiores le causaban calor a pesar de lo frescas que solían ser las sabanas. La mano derecha se desplazó por encima del borde de la ropa íntima, y enseguida se deshizo de ella; paso aquella prende por lo largo de sus piernas hasta que pudo tirarlo justo al lado de la cama.
Enseguida llevo ambas manos entre sus piernas, el propio toque le causó escalofríos. Sentía el fino vello de su zona íntima enredándose entre sus delgados dedos, los ojos de la joven estaban cerrados, servían para imaginar al apuesto hombre sobre de ella.
La apariencia de aquel hombre era completamente diferente a la de su pareja, los colores de sus cabellos eran castaños, ojos verdes y su piel un tanto quemada por el sol, después se imaginó como era que aquel hombre había muerto y caído dentro del pozo para años después ser rescatado por el idiota de Daemon. Erda utilizó solo dos de sus dedos para acariciar la pequeña cavidad entre sus piernas, esta última ya estaba húmeda y un tanto caliente, bastó un par de segundos para comenzar con movimientos circulares.
Los gemidos no tardaron en inundar la habitación. Estos aún eran muy débiles, al igual que sus estimulaciones. Las acciones circulares se vieron en aumento al igual que esas sensaciones que la hacían cerrar las piernas en ocasiones, el placer se hacía más intenso al comenzar con jaloneos a su clítoris, luego Erda palpaba con ambos dedos. Las uñas largas en color negro resultaban ser útiles para brindarle placer en estas ocasiones.
Erda había atrapado sus labios con los dientes y los mantuvo así hasta que sus dedos se desplazaron más abajo entre sus piernas, sin pensarlo un segundo más simplemente los dos dedos que mantenía erguidos se introdujeron en su cavidad con cierta rudeza; agradecía haber hecho la acción anterior si no aquel gemido habría llamado la atención de sus vecinos. Una vez que se acostumbró a la sensación de su mano en su interior, comenzó a mover los dedos en una especie de vaivén, después dio inicio a los movimientos rápidos haciendo que su mano chocara contra su propia piel.
La mujer de Deathmask no pudo evitarlo más, dejo escapar los jadeos y gemidos de una buena vez, no solo hacia eso, las caderas de la joven femenina se movían como si danzaran, sus piernas estaban abiertas de par en par, los delgados pies parecían los de una bailarina de ballet al estar en punta; todo a causa de ese placer acumulado que pronto estallaría. La fricción de sus dedos poco a poco dejo de ser dolorosa, pues su cavidad se había encargado de empaparlos con ese líquido que poco a poco comenzaba a salir de ella.
Un agudo gemido se hizo presente nuevamente puesto que en esta ocasión la chica había ido más al fondo de su propio cuerpo.
Repitió la acción de vaivén un par de veces más antes de terminar retorciéndose entre las sabanas, el espasmo la había inundado por dentro, y no solo eso, sintió como un dolor aún más agudo se desplazaba desde su abdomen hasta sus piernas; un líquido viscoso le había empapado. El éxtasis poco a poco se desvaneció, al igual que sus dedos del interior, Erda cerro levemente las piernas antes de restregar su rostro a la almohada, pues el intenso calor de aquella mañana y su muy reciente estimulación la hicieron sudar, su respiración se había vuelto pesada y agitada, pero esto no la detuvo.
Erda se puso de pie, bajo de la cama y se puso de pie frente al cadáver que yacía colgado cual retrato en su pared. Puesto que este ser no era del todo pesado, Erda pudo descolgarlo fácilmente y colocarlo sobre la cama destendida.
Enseguida la italiana se situó sobre el cuerpo putrefacto, el dildo de plástico que le habían situado entre la pelvis aún permanecía allí, rígido y listo para que esta se sentara.
Erda se colocó sobre el cadáver, haciendo que el instrumento de plástico se introdujera en su cavidad rectal; se inclinó hacia el frente y apoyo ambas manos sobre el pecho rígido, una vez más comenzaría a gemir y mover lentamente sus caderas, de forma que el miembro entrara y saliera levemente de su interior.
La chica prolongo aquel acto excitante por al menos cuarenta minutos, mientras que lamia, succionaba y mordisqueaba parte del desfigurado rostro del cadáver.
Sobrepasaba la media mañana. Daemon había sido reprendido una vez más, su jefe Piero estaba más molesto que nunca. Los cadáveres que tenía que haber regresado a su familia días atrás aún no estaban listos, algunos ya se pudrían en la morgue y cada día se despintaban por el formol. Piero hizo que Deathmask asistiera a su oficina tan pronto se enteró de su trabajo incompleto.
El hombre regordete y calvo sostenía un puro entre sus enormes dedos de salchicha. Daemon no podía si quiera decir una palabra, pues este hombre ya estaba escupiendo diez más; al final se echó sobre la silla reclinable haciéndola rechinar, inhalo profundamente sobre el borde del ébano y le extendió un sobre amarillento, enseguida le dio la espalda para colgarse al teléfono.
Deathmask lo tomó sin más, temeroso y ciertamente apenado, camino afuera de la oficina mientras se abría el pestilente overol: tomó dirección al área de empleados donde estaban los casilleros, y del que estaba marcado con su nombre extrajo una chaqueta de cuero color café.
Sus compañeros Georg y Ray no dijeron nada al verlo en aquel sitio, simplemente siguieron su jornada como si la presencia de este ya no les causase empatía; ¿y por qué hacerlo? Deathmask era meramente un triste, dependiente y perturbado tipo que, aunque solo buscaba comprensión, no hacía y decía algo sin que su dominante novia Erda ordenaba
Cabizbajo, Deathmask camino de regreso hasta su casa.
Mientras el italiano caminaba por la acera se cuestionaba acerca de qué le diría a su novia al llegar a casa, observo en el interior del sobre de manila, había solo unos cuantos euros, quizás entre 150 o 200. Ahora si se preocupó, no sabía que le diría a Erda, pues con qué demonios pagaría el alquiler correspondiente a ese mes y donde conseguiría un trabajo que fuese adecuado para él; teniendo en cuenta que no sabía hacer nada más que limpiar porquería y cadáveres.
Tan pronto llego a su pequeño departamento, no dudo en abrir la puerta, su novia al escucharlo se levantó del sofá donde yacía recostada junto al putrefacto cadáver haciéndolo a un lado para recibirlo; deposito un tenue beso sobre sus labios y entonces le pregunto:
—¡Hey D! ¿Qué haces aquí tan temprano? — Pregunto dejando una caricia sobre sus mejillas para después regresar donde su sitio.
Deathmask camino en silencio hasta poderse sentarse a su lado, suspiro profundamente y enseguida respondió —Me han despedido—
Erda se encontraba viendo una película, a su lado sobre el sofá estaba el cadáver, y sobre el regazo putrefacto un tazón de cerámica con palomitas de maíz, dando la impresión que aquellos dos sujetos mantenían una romántica cita.
La chica estaba por llevarse un puño de palomitas a su boca, sin embargo, aquella acción se vio entorpecida tan pronto le escucho: —¿¡Qué hicieron qué!? —
Una vez más no respondió, su mirada parecía estar perdida, a lo que Erda se puso de pie frente a él, ella golpeo ligeramente su mejilla para que le viera y pudiera responder a lo que le había preguntado anteriormente. Daemon no dijo una palabra nuevamente, y entonces la chica lo abofeteo con mayor fuerza
— ¡Respóndeme, pedazo de mierda! ¿Qué demonios vamos a hacer? — El golpe que Erda acertó sobre la mejilla de Daemon fue tan fuerte que su rostro se vio girado completamente.
— ¡NO LO SÉ, CARAJO! ¡NO LO SÉ! —El chico encolerizado se puso de pie, le tomo por las muñecas y le tironeo como una pequeña muñeca, enseguida la arrojo sobre el sofá.
Pero poco duro sobre el sofá, la más baja se puso de pie, sus cabellos cortos estaban un poco alborotados y cubrían su rostro, sin embargo, no se detuvo por un instante, a lo que continuo; — ¿¡Con que carajos pagaremos la renta!? ¡Eres un pobre imbécil, Daemon! ¡Nunca debí estar contigo! —
Con lo último dicho por la italiana Deathmask termino por montar en cólera, le tomo por los cabellos para después acertarle un golpe en el rostro.
Erda se quejó de dolor, enseguida toco la comisura de su labio, estaba sangrando al igual que la nariz; los delgados dedos estaban manchados. —¡Púdrete en el infierno, idiota! — Escupió un poco de sangre empujando al italiano con todas sus fuerzas.
Daemon se sintió mal al ver lo rojo que estaban sus dientes y el sangrado de su nariz, a lo que trato de detenerla para ayudarla a frenar la sangre, sin embargo, ella lo empujo y corrió rápidamente hasta la habitación; él fue detrás de ella, pero alcanzo a cerrar la puerta delante de él, este no pudo abrirla, Erda la había asegurado.
Deathmask insistió en que le abriera, sin embargo, la chica se negó, no respondió. El muchacho sabía que el enojo de su novia tardaría un poco en pasársele, pero por esta vez no sabría qué tanto, así que decidió mejor dejarla a solas por unas cuantas horas.
Sin decir más, tomo su chaqueta del sofá donde tenía el sobre de manila con el dinero, y salió de nueva cuenta del apartamento.
Entro a la casa sosteniendo en sus brazos una caja cubierta con una manta. Trato de hacer el menor ruido posible, pues seguramente Erda se habría quedado dormida. Colocó la caja sobre uno de los sofás; le quitó la manta de encima y enseguida dejó salir al pequeño gatito negro que llevaba para su novia, lo acarició un par de veces y enseguida lo dejó en el sofá para que el pobre estirara las patas.
Sabía que a su novia le encantaría el pequeño animal.
Deathmask se dirigió hacia la cocina: Estaba vacío, enseguida siguió al cuarto de baño e igual estaba vacío. La llamo un par de veces, pero nadie atendió. Fue entonces que se dirigió hacia la habitación. La cama yacía revuelta, había un sobre y dentro de este una nota que decía:
𝐸𝑠𝑡𝑜 𝘩𝑎 𝑡𝑒𝑟𝑚𝑖𝑛𝑎𝑑𝑜.
𝐸𝑠𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑎𝑠 𝑞𝑢𝑒,
𝑛𝑜 𝑝𝑖𝑒𝑛𝑠𝑜 𝑠𝑎𝑐𝑟𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑟 𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑒𝑗𝑜𝑟𝑒𝑠 𝑎ñ𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑣𝑖𝑑𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑖𝑔𝑜.
𝑌𝑎 𝘩𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑜 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑜𝑠.
𝑃𝑜𝑟 𝑓𝑎𝑣𝑜𝑟, 𝑐𝑢𝑖𝑑𝑎 𝑎 𝑀𝑖𝑐𝘩𝑒𝑙𝑎𝑛𝑔𝑒𝑙𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑚í.
𝐻𝑒 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑑𝑖𝑑𝑜 𝑒𝑙 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎𝑟𝑚𝑒 𝑎 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 𝑎𝑚𝑖𝑔𝑜
𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑢𝑛 𝑢𝑙𝑡𝑖𝑚𝑜 𝑟𝑒𝑔𝑎𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒.
𝐴𝑑𝑖ó𝑠 𝐷.
—𝑇𝑒 𝑎𝑚𝑎, 𝐸𝑟𝑑𝑎
No lo podía creer, su novia lo había abandonado, por si fuera poco, se había llevado el cadáver consigo. Deathmask solo pudo sentarse a la orilla de la cama, se talló la cabeza, después los ojos y el rostro. Erda era la persona que Deathmask más amaba, y lo había abandonado sin ninguna explicación lógica.
—¿Entonces nunca me amo? — Se cuestionaba con un pequeño enrojecimiento en los ojos, aquellos rápidamente se llenaron de agua, y aunque Deathmask lo contuvo, sus ganas de llorar eran evidentes.
Él estaba dispuesto a arreglar las cosas y conseguir un empleo como el de la compañía de Piero, trataría de volver a su antigua vida, pero ella no le dio la oportunidad.
—¡Maldita sea! — maldijo un par de veces hasta que sintió que algo le acariciaba la pierna. Era el pequeño gato que había llevado para ella, pero que estúpido le resultaba el mismo en ese momento. Los habían abandonado a ambos.
Deathmask lo sostuvo entre sus brazos y le acarició la cabeza, el pequeño animal le ronroneaba y lamía ligeramente su barbilla. Deathmask se recostó y dejó que el animal lo lamiera y jugueteara con sus manos. Se mantuvo de esa forma durante un tiempo largo, Deathmask ya no lloraba, simplemente observaba hacia la pared, justo ahí, donde el cuerpo putrefacto que había llevado había estado colgado días atrás.
Fue entonces que se puso de pie, de un cajón sacó una pantaleta que conservaba de Erda, la llevo hasta su rostro y la olfateó profundamente. Este hombre cerró los ojos conforme el olor de su novia recorría sus fosas nasales. Impregnada de ella, olía a sus fluidos, a su aroma. Esa mujer era su éxtasis, y ahora que la había perdido no habría nada más.
Entonces vio una de sus fotos, estaba sobre el buró a lado de la cama. Deathmask la sacó del interior del portarretratos, acarició el rostro de la muchacha y acto seguido, comenzó a incendiarla con su encendedor de bolsillo. El papel no tardó mucho en arder, enseguida el rostro suyo y el de Erda se derretía, consumido por las llamas, así estarían ellos, terminarían en el infierno después de acostarse con un cadáver.
El gato no dejaba de maullar parecía tener hambre. Deathmask soltó la fotografía al piso mientras se dirigía a su pequeña bodega. De ahí, tomó un frasco, era el mismo que había llenado hace pocos días. Extrajo el corazón del formol colocándolo sobre un plato de porcelana vieja y desgastada. Enseguida lo puso en el suelo; el gato, aunque temeroso, comenzó a lamerlo hasta que pudo sentir su sabor, fue entonces que lanzó un par de desdentadas al órgano y comenzó a comer su carne. El gato pareció encantado, Deathmask aprovechó que éste estaba distraído para meterlo en una bolsa, el gato comenzó a patear y moverse bruscamente para intentar salir, mientras que Daemon sostenía el borde de la bolsa con fuerza comenzó a azotar el saco contra la pared, el suelo y uno que otro mueble, una y otra vez hasta que el animal dejo de emitir sonido alguno.
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