4. Agonía esquizofrénica
Las gotas de color carmesí caían desde el perchero sobre su cabeza hasta la tina; todo estaba en silencio, por lo cual, le resultaba fácil escuchar el eco producido entre el choque de sangre y el agua oxidada, Daemon observaba al desgastado techo mientras la tina poco a poco se tintaba.
Desde su sitio el gato sobre el perchero no era más que una amorfa y húmeda piel negra. Había perdido casi toda la sangre, Daemon nunca había visto que aquella tina se colorara totalmente. Cerró los ojos y entonces se zambulló, conteniendo la respiración:
Tenía tan solo siete años cuando pasó.
Su padre había vuelto a la casa después de una noche de copas; se tambaleaba, no podía hablar e hizo caer un par de objetos al suelo cuando entró. Enseguida, la poca comida que estaba en la mesa fue a dar al suelo, el borracho pregonaba que aquello no era suficiente para saciar su hambre, que como hombre y único sustento del hogar debía recibir más que solo judías y un pan de maíz crujiente.
Su madre estaba temerosa y ciertamente triste, pues la comida que el ebrio sujeto había tirado a la basura era la única con la que contaban aquella familia para el resto de la semana.
Ella temerosa se puso a recogerla, pero tan pronto aquella se colocó sobre sus rodillas, el hombre la tomó del brazo para poder verle. Aquel se le echó encima a la mujer, acertando una bofetada en el rostro: la sangre pronto brotó, el lloriqueo se hizo presente por todo el lugar, fue entonces que el pequeño Daemon salió de la cutre habitación, allí, pudo ver el desvergonzado acto, su padre golpeaba a su madre con violencia, ella solo manoteaba con desesperación evitando algunos golpes, sin embargo, aquello solo hacia molestar más al padre.
Deathmask se sentía impotente al presenciar aquello. Pero, ¿qué podía hacer?, él era sólo un pequeño niño de siete años. Aun así, se sentía con la obligación de cuidar a su madre. Fue entonces que reaccionó:
Sobre la mesa se encontraba la botella de licor de la que su padre bebía, yacía medio vacía, sin embargo, no le importó, se acercó hasta la mesa para tomarla; el contenido la hacía más pesada de lo normal.
Antes de que pudiera emitir algún sonido la dejó caer al piso, el cristal de rompió y liberó el olor a alcohol de inmediato, su padre se giró colérico y ciertamente impresionado, tenía los músculos del rostro tensados por la ira, el hombre buscaba el paradero del pequeño bribón, sin embargo, una punzada en el estómago lo hizo olvidarse de aquella situación, viró su mirada hacia el abdomen y se dio cuenta de lo que ocurría.
El pequeño Deathmask se había encargado de asestar un cuchillo en su vientre, este, temeroso aún lo sostenía por el mango, su padre estaba por reaccionar y golpearlo, sin embargo, Daemon retiro el cuchillo rápidamente y lo insertó de nuevo contra su padre, esta vez la apuñalada iba centímetros más por encima de la primera.
Su padre lo observó con una mirada llena de terror y dolor; su hijo había vengado todo el mal que le había hecho a su madre, ese pequeño... su hijo, se había convertido en su asesino. Su padre cayó al suelo, escupiendo un poco de sangre al mismo tiempo en el que se cubría las partes heridas en su abdomen.
El rostro del pequeño moreno estaba salpicado de sangre mientras que simplemente soportaba las inmensas ganas de llorar. Su madre se acercó lentamente donde él y a paso lento le quitó el cuchillo de sus pequeñas manos. Finalmente lo abrazó con fuerza; fue entonces que Daemon soltó el llanto en medio de un profundo y sonoro sollozo. El pequeño restregaba su rostro entre las ásperas prendas, tenía miedo, sentía una enorme culpa, temblaba notoriamente al ver como los ojos de su padre se cerraban para nunca más abrirse.
Después de algún tiempo, su madre trató de reconfortarlo, le dijo que todo estaría bien, que todo se solucionaría, a lo que le pidió que fuera por las pocas cosas de valor que tenían en el hogar, además de una manta caliente para la fría noche.
Daemon un poco confundido acató las órdenes, se vistió con lo primero que vio, el pequeño estaba por guardar un par de cosas en una pequeña valija cuando su madre irrumpió en le habitación, le tomó del brazo y lo sacó a tirones;
—¡Pero mamá! — Respondía el pequeño entre sollozos tratando de guardar sus pequeñas camisetas y unos cuantos de sus juguetes de madera.
— ¡Ya no hay tiempo hijo, vámonos! — Le dijo su madre tomando el pequeño soldado entre las manos de Daemon para después arrojarlo al suelo.
Entonces ellos salieron de aquel lugar, llevando consigo no más que unas cuantas pertenencias. De lo qué pasó con el cuerpo de su padre no supieron más nada. Después de unos años, su madre tuvo la suerte de encontrarse con un hombre bueno que acogió a Daemon como un hijo propio, sin embargo, éste se negó rotundamente a usar su apellido; por lo que terminó usando el de su madre.
Con el tiempo aprendió a respetarlo, sin embargo, Daemon lo decepcionó por completo al preferir a una chiquilla antes que su futuro y carrera como médico, por supuesto, su madre le retiro totalmente su apoyo, por lo cual, Daemon pasó de ser un chico con medianas comodidades a no tener una sola camisa limpia y vivir en la miseria.
Entonces pensó en su novia Erda.
Abrió los ojos bajo el agua, todo se veía ennegrecido, acto seguido la vio, era ella, su preciosa y muy amada novia, le sonreía y su rostro se abrillantaba con esos hermosos y brillantes ojos, enseguida ella metió las manos bajo el agua, le acarició el pecho y después colocó las delgadas manos sobre el cuello, Daemon sintió cómo su cuello era presionado con una fuerza sorprendente, tan sorprendente que parecía irreal. Erda ahora sonreía con malicia, como si quisiera matarlo.
Su boca se abrió dejando escapar el aire y haciéndolo tragar agua.
Enseguida salió a la superficie desesperado, trataba de recobrar su respiración con profundas bocanadas de aire. Limpió su rostro con la mano derecha y suspiró profundamente, había sido solo un producto de su mente.
Ahí estaban de nuevo, esos recuerdos lúgubres de su pasado que quería olvidar por completo, al menos hasta la aparición de su novia. Respiró profundamente tratando de recobrarse, sus ojos le ardían, su piel se estaba hinchando y arrugando por el agua, es por eso que decidió salir, dirigiéndose a su habitación.
El estúpido gato le había costado alrededor de 90€, dejándole un restante de al menos 100€ para sobrevivir hasta que consiguiera un nuevo empleo.
Estaba vestido con una camiseta de color negro sin mangas, un pantalón ajustado en tono rojo y sus botas de talle alto, encendió un cigarrillo entre sus labios y salió de aquel lugar tan deprimente.
En su camino se encontró con algunas personas; todas ellas lo veían con incomodidad, o al menos eso creía él, lo observaban de arriba a abajo y después cuchicheaban, enseguida risas. Daemon se sentía perseguido, tenía la extraña sensación de escuchar pasos apresurados, en ocasiones sentía como le presionaban y tiraban del brazo, pero al ver a su costado, no había nadie más.
Caminó por debajo del umbral del cine; sobre la marquesina, en la cima con letras grandes y negras se anunciaba una película ‘‘exquisite corpse’’, sonaba interesante, el póster mostraba algo de terror y sangre. Sin dudarlo más, se acercó hasta la vitrina y pidió una entrada, la regordeta muchacha le entregó la entrada con un gesto de desagrado pintado en los hinchados mofletes: como si aquella película fuera la peor que alguien había pedido en aquel lugar.
Deathmask entró a la sala; no había muchas personas en ese sitio, quizás solo unas veinte o veinticinco contándolo a él, la película no tardó mucho en comenzar, enseguida las escenas captaron su atención, sangre, amputaciones, violaciones, maltrato y secuestro, realmente todo era muy explícito, algunas de las personas que se encontraban en la sala se cubrían el rostro, se quejaban o simplemente se retiraban. Pero, por el contrario, Daemon observaba fijamente, no estaba sorprendido ni escandalizado, pues aquello le resultaba muy similar a lo que él había hecho con su novia al cuerpo encontrado.
Sin despegar su vista de la enorme pantalla dio un profundo sorbo a su cerveza haciéndole que unos cuantos chorros se le corrieran por las comisuras de sus labios. Parpadeo un par de veces, y enseguida trago.
Pasaron alrededor de ciento cincuenta minutos, Daemon se encontraba solo en la sala, la película estaba por terminar al igual que él con la séptima botella de cerveza. La última escena estaba en plano; mostraba a los dos protagonistas recostados consumiendo heroína en un motel cerca de la frontera con México.
El protagonista presionaba el émbolo de la hipodérmica y se inyectaba en la vena saltada un torrente delicioso de heroína mexicana. Se recostó sobre las sábanas sucias del motel, con la aguja colgando todavía del brazo y el corazón iniciando una zambullida lenta. A uno de ellos le despertó una luz turbia de sol en los ojos; se había olvidado de tapar el resquicio en las cortinas antes de quedarse dormido. Tenía la garganta irritada. Uno de los sujetos se desprendió de las correas que le ataban y se fundió lentamente con la caja torácica de su amante mientras le penetraba.
Sobre él escucho la maquinaria de su cuerpo. Sus pulmones aspiraban aire y expulsaban veneno. Su estómago y sus intestinos estaban moliendo la carne de todos aquellos a quienes habían hecho daño, hasta convertirla en una quinta esencia, el corazón les marcaba el tiempo. El escuchar sus respiraciones les daba cierto alivio. Y es que el sujeto quería conservar el trozo de carne de su amante dentro suyo todo lo que le fuera posible, y entonces el chico le dijo al otro ‘’Quisiera asimilar tantas cosas tuyas como me fueran posibles.’’ Enseguida cerro los ojos, cuando despertara, él estaría consigo para siempre, y gozarían juntos todos los placeres del mundo.
Sus caras, sus pollas y sus pelotas se transformaron en masas amorfas de carne ennegrecida. Las lenguas hinchadas como mordazas redondas les mantenían las mandíbulas abiertas. Al paso del tiempo, sus cuerpos criaban gusanos, una generación tras otra de gusanos, hasta que cubrieron sus cuerpos como un manto vivo. No tardaron en quedar pelados y sus huesos eran como una enigmática escultura de marfil que relucía en la oscuridad, a la espera de contar su muda historia de amor.
Su andar después de la función de cine lo llevo hasta la strada delle sirene, la calle más transitada por las prostitutas de Italia, sobre todo las de Milán.
En dicho lugar podrías tener a una mujer por cualquier cantidad de dinero. Las había las que cobraban 25 euros la hora, hasta toparte con aquellas que cobraban casi 250, aunque estas últimas a diferencia de las primeras, eran más lindas, higiénicas y esbeltas. Algunas de ellas se le acercaban susurrándole al oído, tratando de atraerlo con sus voces chillantes; tal y como se le acreditaba a la calle, aquel callejón estaba repleto de sirenas que te hechizaban para llevarte y someterte a tus más bajos impulsos.
Unos cuantos metros más adelante, en el callejón, se encontró con una pequeña mujer, su piel era pálida, sus cabellos marrones ligeramente peinados y una sonrisa que carecía de toda pisca de vida. Al principio Daemon no tenía la intención de pasar la noche con una de ellas mujeres, pero el aspecto de aquella mujer le llamo la atención, tenía cierto parecido a su novia Erda.
Temerosa la joven aceptó, y después ambos se dirigieron hacia una de las pequeñas habitaciones al fondo del callejón. Una vez adentro, la chica le contó que se sentía un poco temerosa porque aquella noche era su primera vez consiguiendo trabajo como una puta, su tuberculosis estaba avanzada, lo cual la tenía en un estado casi anímico, su piel parecía traslucida y tosía de vez en cuando cubriéndose la boca con un pañuelo viejo y desgastado. Daemon se comportó comprensivo, inclusive un tanto dadivoso, pues le entrego cinco euros más de los que le había pedido como cuota.
Un par de minutos pasaron, ambos jóvenes estaban bebiendo un poco de alcohol directamente de un par de envases, en ese momento alguien tocó a la puerta, el tiempo entre los dos estaba por terminar. A lo que la chica insistió:
—Te quedan unos cuantos minutos, cariño ¿seguro que no quieres follarme? —su voz sonaba un poco pastosa, sonreía más que antes, e inclusive comenzó a besarle el cuello a Daemon.
Este por el contrario se encogió con las recientes acciones, el alcohol había hecho efecto, estaba riendo y ciertamente mareado, enseguida se levantó e intento deshacerse de su cinturón, sin embargo, la chica se le adelanto. Enseguida tomo su miembro entre sus manos y comenzó a succionarlo rápidamente.
Deathmask cerró los ojos y disfruto, una vez más habían llamado a la puerta, la chica se apartó solo un poco para gritar que tomaría una hora más, Deathmask mostro una sonrisa, y entonces tomo a la chica entre sus brazos lanzándola sobre la cama, sobre ella subió su diminuto vestido, separo sus piernas y con una estocada pudo penetrar en su interior.
Los gemidos se hicieron presentes una vez que Daemon comenzó a moverse, la castaña disfrutaba en demasía, por el contrario de Daemon, quien desde que se había introducido en su interior no sentida excitación o desenfreno como momentos antes que la chica le realizaba la felación.
Daemon no entendía que sucedía, todo el deseo que alguna vez sintió al estar con una mujer había desaparecido, sin importar que tan rápido se estaba moviendo, o que tanto la chica gemía, su miembro parecía no responder, por el contrario, sentida que cada estocada hacia que su miembro se contrajera.
El muchacho se dispuso a besar sobre el pecho de la joven, acaricio sus piernas de arriba hacia abajo, y enseguida llevo ambas manos hasta el cuello, envuelta en el éxtasis la prostituta no se dio cuenta de las verdaderas intenciones del masculino hasta que de pronto el aire comenzó a hacerle falta. Las enormes manos de Daemon le rodearon por completo el cuello, sus fuertes pulgares presionaban sobre la tráquea.
La chica pateaba, inclusive trato de zafarse de aquel agarre, sin embargo, le era inútil, la presión era constante, utilizo sus manos en un débil intento por alcanzar el rostro del moreno y lastimarlo, pero tampoco le fue posible, la fuerza se estaba esfumando junto a su vida.
Bastaron un par de minutos más para que el ultimo soplo del cuerpo de Helena se hiciera audible; Daemon retiro sus manos del cuello, había marcas rojas sobre este, sus ojos permanecieron abiertos, y enseguida el hombre se abalanzo a ella. Sus labios besaron parte de su enrojecido rostro, sus labios rápidamente se habían tornado a un color morado. Deathmask se recostó sobre su delgada caja torácica. No escucho nada dentro, todo se había detenido, fue entonces que dio inicio una vez más al acto sexual, esta vez, con mayor excitación y deseo que antes.
Las semanas habían transcurrido lentamente, ya no tenía un solo euro en su billetera, todo se había acabado hacia un par de días, inclusive los cuarenta extras que sustrajo del bolso de la prostituta los había empleado para comprar éxtasis en un callejón cerca del patio de Piero. La encargada de la pensión no dejaba de llamar a la puerta pidiendo la cuota de la renta, cada vez que se retiraba dejaba una orden de retiro.
Su mente estaba totalmente despejada y lúcida, y aun así no podía soportarlo. Pudo alcanzar la botella de whisky encima de la mesa sin salir del todo de la cama. Tendido sobre almohadas mullidas, trataba de esclarecer todo lo que había visto y hecho en la strada delle sirene. Olía la muerte en sí mismo. Tenía líneas de sangre descompuesta debajo de cada uña, además cada que recordaba aquel incidente los rasguños en sus antebrazos le palpitaban.
Un entumecimiento placentero comenzaba a embargarle. Sentía los huesos blandos y los tejidos impregnados de un opio líquido. Sus recuerdos se perdían en una pesadilla borrosa. Seguía manchando de sangre y mugre de la strada delle sirene, pero a medida que la droga recién inyectada circulaba por sus venas, sintió que se volvía limpio y puro.
Fijó los ojos en el techo, poco a poco sentía como los parpados de sus ojos comenzaban a caer cansados, hasta que finalmente los cerraría por completo.
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