6. El joven hermano de un Héroe

—Vean, si no es ni más ni menos que el traidor, Ikki, ¿sabías que estaba esperando a que aparecieras? Vengo en nombre del maestro Arles. Actuamos silenciosamente bajo sus órdenes en varios puntos del mundo.

Ikki observó bien al Fénix negro.

—Yo te conozco bien, ¿tú no eres Ritahoa? —.

En un santiamén la fisonomía del Fénix negro había cambiado. Mientras averiguaba el rostro del sorprendido Pegaso negro, Ikki avanzó y dijo:

—Pff... Cuando yo había comandado a los caballeros negros, tu Ritahoa, no eras más que un fracaso de la Isla de la Reina Muerte. Entonces eres el Fénix negro... Esto es muy cómico. Yo tenía una lamentable vida antes de partir.

Pero tampoco sería derrotado por el Fénix negro.

—Ikki, si piensas que somos los mismos de antes estas equivocado. Tú te convertiste en caballero de bronce por recibir entrenamientos especiales bajo la tutela del santuario de Grecia, pero aun así traicionaste aquel que te reconoció como caballero, el maestro Arles—.

—¿Entonces eso es lo que quieres? —.

Si yo te derroto, habiendo entrenado en la Isla de la Reina Muerte, podré convertirme en caballero. Esta es la primera y última oportunidad que tengo en mi vida y no voy a desaprovecharla. —

Entonces ordenó al Pegaso negro. Pero en el mundo no hay persona que consiga vencer a un caballero que ya haya visto su punto débil. Y tanto el Pegaso negro que se llama Kenuma, como el cisne negro llamado Jid, y el dragón negro Shinadekuro, Ikki los conocía muy bien.

—¡Alas del Fénix! (ho yoku tensho)—.

Con su poderosa técnica Ikki los atacó sin piedad y los lanzó lejos a los tres, matándolos en el acto. Solamente quedaba una persona, el Fénix negro, Ritahoa.

Ahora eran dos Fénix en combate.

—Ritahoa, tu existencia y la de tu armadura son mi imagen opuesta. Como el sol y la sombra. Eres como una sombra frente al sol. Pero lamentablemente, una sombra varía de acuerdo con el cambio del sol, al contrario del cielo y la tierra, siempre impasibles—.

—Si cualquier cosa que saliera de tu boca fuera algo bueno, no habría esperado tanto tiempo para este encuentro. Vamos Ikki. Deja eso del sol y las sombras para otro momento. —Kieei—.

El Fénix negro ataca a Ikki con sus puños [Kouken]. La velocidad de sus puñetazos no era inferior a los Meteoros del Pegaso negro. Ikki, entusiasmado con esto, los evitaba.

En cualquier momento podría ser alcanzado por un golpe si él mejoraba su técnica. Seguramente saldría herido si lo menospreciaba.

—¡Tommaaa, Ikki! —

Fénix negro descarga una ráfaga de puñetazos.

—Uaaah—.

Sin resistir al golpe Ikki es lanzado por el ataque, chocando violentamente contra un viejo árbol.

Algo se había caído de su cuello, pero Ikki no se había dado cuenta de esto.

Al haber sido herido, Ikki se levanta. Como era de esperar, el Fénix negro se adjudicaba la victoria.

—Ikki, me parece que este Ritohao no es el mismo de antes. Ahora el maestro [Arles] tendrá que admitirme—.

—Es cierto que conseguiste herir mi brazo. Pero aun estas a cien puños de alcanzar mi poder—.

Entonces el Fénix negro avanzó y ejecuto nuevamente su técnica.

—Vamos a ver si mi golpe funciona una segunda vez—.

Hábilmente Ikki esquivó el golpe y contraatacó.

—Uwaaah—.

Su ataque lanzó al Fénix negro contra el árbol en donde Ikki había topado instantes antes. Pero rápidamente su oponente se puso de pie.

En aquel momento Ikki observo un objeto brillante debajo de los pies del Fénix negro.

—No toques eso con tus pies inmundos... Pero observa, observa muy bien mi ilusión demoníaca—.

—¡Ilusión Demoníaca del Fénix! — (—ho o genmaken—)

La ilusión demoníaca alcanzó al Fénix negro clavándose como un tornillo a la altura de sus cejas.

—Uwaaah—.

Fénix negro cayó en la ilusión. Por su permanencia en la Isla de la Reina Muerte, el entrenaba para derrotar a Ikki, había cometido un gran número de asesinatos. Y así fue como él mismo devasto su espíritu, peleando con una mente libre que ahora ni podía ser considerada así.

Ikki había extendido su brazo para coger aquel objeto caído.

—Hermano—.

Shun corrió unos diez pasos hasta Ikki, que le enseño aquel objeto. Era una pequeña cruz.

—En la intención de partir y dejarte casi me olvido de esto—.

—Eso es...—.

—Sólo un recuerdo de nuestra madre—.

—De... de mamá—.

—Nuestra madre usaba esto hasta el último momento de su muerte. Antes de dejarnos, en su último suspiro, ella me pidió que nos ayudáramos los unos a los otros, para que nos mantuviéramos vivos, siempre juntos—.

Shun recibió la cruz de su querida madre, que no había conocido. Entonces una lágrima cayo de su rostro sobre la cruz.

—Hermano, vamos a permanecer juntos de ahora en adelante—.

—Shun, la cruz de mamá es nuestra. Yo siempre estaré junto a ti. Nosotros siempre lucharemos juntos—.

—Pero...—.

—Nos veremos siempre que sea necesario—.

—Hermano, pero...—.

—Shun, ¿te gustaría hacerme repetir aquello nuevamente? —.

—Ehh...—.

—No me gusta andar en grupo—.

Ikki solamente dijo esto y lo dejó, desapareciendo en la oscuridad nocturna.

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