La máscara de plata
Personajes: Marín de Águila
Historia relatada siguiendo la cronología y argumento de la serie clásica animada, Saint Seiya. Tomando como referencia el episodio 01, ‘‘Las leyendas de una nueva Era’’, durante el flashback de Seiya, aproximadamente cuando Seiya aún era un aprendiz.
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Los días calurosos siempre la irritaban, usualmente el toque de sol en su cama la despertaba un poco antes que su aprendiz llegase a su puerta con la energía suficiente para despertar a cualquier persona a cien metros de distancia. Y para cuando este aprendiz llegaba, el calor ya era insoportable.
Sin embargo, aquella mañana fue distinto, había despertado horas antes que el sol saliera, aún la obscura madrugada cubría gran parte del cielo.
Estaba somnolienta, trataría de volver a conciliar el sueño, sin embargo, no pudo, comenzaría a aburrirse de no hacer algo pronto. ¿Pero qué? Era demasiado temprano para ir a buscar al chiquillo Seiya.
La pelirroja apenas y se levantó de la cama asegurando la ventana de al lado de la cama, era un fastidio dormir con la máscara puesta para que nadie la viera si pasaban por su choza. Una vez más volvió a cubrirse con las sabanas, quitándose el metal del rostro. Cerró los ojos y cuando por fin estaba por conciliar el sueño una vez más, una extraña sensación de desesperación le invadió, se sentía ansiosa. Sus manos rápidamente comenzaron a recorrer su cuerpo y sus piernas se movían de arriba a abajo causando fricción entre las frescas sabanas de lino.
Los largos dedos se adentraron bajo la tela de la camiseta con la que dormía, y en un repentino movimiento ya sostenía uno de sus pechos. La mano izquierda se encargaba de presionarlo, juguetear y de vez en cuando tirar levemente de su pezón hasta tornarse duro. Marín sentía como esa sensación de deseo y desesperación iba en aumento, lo sabía muy bien, pues la mano libre se había deslizado desde el abdomen hasta su entrepierna, aún por encima de la ropa íntima. Apenas una separación entre ellas dejaba que la mano se moviera de arriba a abajo.
Pero Marín deseaba más, quería sentir ese estado tan placentero en el que había estado algunas veces antes. Poco a poco sus interiores le causaban calor a pesar de lo frías que solían ser las mañanas. La mano derecha se desplazó por debajo de la ropa íntima, el propio toque le causó escalofríos. Sentía el fino vello de su zona íntima enredándose entre sus dedos, los ojos de la amazona estaban cerrados, servían para imaginar al apuesto hombre sobre de ella.
Los colores de sus cabellos eran castaños, ojos verdes y su piel un tanto quemada por el sol. Marín utilizó solo dos de sus dedos para acariciar la pequeña cavidad entre sus piernas, esta última estaba húmeda y un tanto caliente, bastó un par de segundos para comenzar con movimientos circulares.
Los gemidos no tardaron en inundar la habitación. Estos aún eran muy débiles, al igual que sus estimulaciones. Las acciones circulares se vieron en aumento al igual que esas sensaciones que hacían cerrar las piernas en algunas ocasiones, el placer se hacía más intenso al comenzar con jaloneos a su clítoris, luego palpaba con ambos dedos. Las uñas largas solían ser útiles a la hora de luchar y para brindarle placer una que otra vez.
Marín había atrapado sus propios labios con los dientes y lo mantuvo así hasta que sus dedos se desplazaron más abajo entre sus piernas, sin pensarlo un segundo más simplemente los dos dedos que mantenía erguidos se introdujeron en su cavidad; agradecía haber hecho la acción anterior si no aquel gemido habría despertado a todo el santuario. Una vez que se acostumbró a la sensación de su mano comenzó a moverlos en una especie de vaivén, después dio inicio a los movimientos rápidos haciendo que su mano chocara contra su propia piel.
La pelirroja no pudo evitarlo más, dejo escapar los jadeos y gemidos de una buena vez, no solo hacia eso, las caderas de la joven amazona de plata se movían como si danzaran, sus piernas estaban abiertas de par en par, los delgados pies parecían los de una bailarina al estar en punta; todo a causa de ese placer acumulado que pronto estallaría. La fricción de sus dedos poco a poco dejo de ser dolorosa, pues su cavidad se había encargado de empaparlos con ese líquido que salía de ella.
Un agudo gemido se hizo presente nuevamente puesto que en esta ocasión la amazona había ido más al fondo de su propio cuerpo, agradecida con todos los dioses por haberla dotado con dedos largos.
Repitió la acción de vaivén un par de veces más antes de terminar retorciéndose entre las sabanas, el espasmo la había inundado por dentro, y no solo eso, sintió como algo agudo se desplazaba desde su abdomen hasta sus piernas; un líquido viscoso le había empapado. El éxtasis poco a poco se desvaneció, al igual que los dedos del interior, Marín cerro levemente las piernas antes de restregar su rostro a la almohada, podía jurar que había sudado, si su respiración se había vuelto pesada y agitada lo podría asegurar.
Deslizo la cubierta de la ventana con su mano derecha, dejando entrar un rayo de sol por escasos centímetros. Marín sabía que no tardaría más de dos minutos en que su pequeño aprendiz llegara para reclamar sus entrenamientos.
La madera de la puerta hizo lo suyo, anuncio el golpeteo previo del aprendiz. Agradecía que continuara anunciándose antes de entrar.
— ¡Marín! Vamos, tenemos que entrenar. — La voz de Seiya hizo que se le dibujara una sonrisa en el rostro, colocándose la carcasa de plata nuevamente antes de poder levantarse.
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